CARTA A IGNACIO ECHEVERRÍA

AGRADECIMIENTO Y HOMENAJE A UN HÉROE ESPAÑOL

  

Querido Ignacio:

No tuve el honor de conocerte. Ignoro cuáles fueron tus creencias, tus filias y tus fobias. Y me da igual. Pero hoy, cuando la prensa ha confirmado tu muerte en los atentados yihadistas de Londres, me siento obligado a escribirte esta carta para, además de lamentar tu fallecimiento y expresar mis condolencias a tu familia, agradecerte tu heroico comportamiento.

Aunque los telediarios han pasado de puntillas sobre tu valentía al enfrentarte a la morisma asesina armado solamente con tu monopatín, tu gesto trasciende la simple anécdota y salva la dignidad de nuestro Pueblo.

Gracias por no dudar en arriesgar tu vida para defender a la mujer que estaba siendo apuñalada por los terroristas yihadistas. En este tiempo en el que el buenismo estúpido y endófobo se ha convertido en dogma, tu valentía generosa se convierte en una acción doblemente heroica.

Gracias por comportarte como un caballero español en un tiempo y en un lugar en los que la cobardía y la sumisión ante culturas hostiles son aplaudidas y elogiadas por una prensa y unos políticos de letrina.

Gracias porque el nombre de España se haya asociado, por una vez, a la única actitud digna que se puede adoptar ante los que tiñen de sangre las calles de Europa mientras sus costumbres bárbaras nos son impuestas y financiadas por unos gobernantes genuflexos y acobardados.

Gracias por devolvernos la fe en nuestro Pueblo, tan envilecido y encanallado por ideologías disolventes y suicidas.

Tu nobleza y tu sacrificio han puesto de manifiesto que todavía hay españoles dignos de ese nombre y que la “memoria histórica” no es esa pestilente charca de bilis con la que una piara de resentidos intenta borrar sus crímenes, derrotas y complejos. La verdadera memoria histórica es la voz de la sangre guerrera de un pueblo que forjó su identidad a lo largo de ocho siglos de lucha contra el invasor musulmán.

Gracias porque, en esa jornada trágica, tu humilde monopatín fue una espada de heroísmo y nobleza frente al fanatismo y la iniquidad.

Sé que hoy, Ignacio, los héroes de las Navas, de Lepanto y del Rif te han acogido entre sus filas eternas como a un nuevo compañero de armas.

   


Anónimo, pero atribuido en la red a Arturo Pérez Reverte.


  


Leo que se confirma la muerte de Ignacio Echeverría. Que murió propinando patinazos a los terroristas. Puedo imaginarlo apretando los dientes, mandíbula tensa, el patín en la mano derecha y con la izquierda desafiando al terrorista. Ven si te atreves.


Pienso en ese chaval y la memoria me lleva a Numancia en el 133 a.C. donde los celtíberos ya avisamos que esta tierra sólo se conquista derramando mucha sangre.

Pienso en que arremetió con su patín contra tíos armados y me traslado a Covadonga al 722, con astures arrojando piedras al invasor al grito de esta tierra es nuestra. 

O al 1212 en Las Navas cuando españoles de tres reinos hicieron callar al gran tambor almohade. O en la llanura de Otumba, cuando otro español ordenó que no se huyera más, que no se retrocediera ni un paso para asombro de los persecutores que confiados dejaron sus almas en el acero español. 

Pienso en su arrojo, en su valentía y recuerdo a españoles en la noche helada de Haarlem, acorralados primero y poniendo en jaque al ejército holandés después para que durante siglos asustaran a sus hijos con el Duque de Alba. 

Pienso en la cara del terrorista al ver a Ignacio irse por él, y puedo ver a la armada inglesa humillada por Blas de Lezo, camino de Albión para contarle a su reina que los españoles han vencido en inferioridad de 20 a 1.

Ha muerto un español de los de antes. Ha muerto un valiente.

Descanse en paz, Ignacio Echeverría.

     

Ramón Alvarez de Toledo, coronel de Infantería y jefe de la Guardia Real.