Piensa en Libertad

Libertad - Ley - Letras

 

LA BATALLA DE LAS IDEAS

 

Hayek o Rand ya lo advirtieron. La gran lucha contra el totalitarismo no se libraría en los campos de batalla, sino en el debate de las ideas. Pues bien, a estas alturas del siglo XXI, los enemigos de la libertad van ganando.

La Primera Guerra Mundial, el centenario de cuyo inicio este año conmemoramos, no sólo destruyó millones de vidas y a la más brillante generación producida por la civilización occidental. Dio pie a la primera dictadura totalitaria -en Rusia- y a una intervención brutal del Estado en las vidas de los ciudadanos, y por tanto también en sus economías.

Las incertidumbres de los años 30, el temor al bolchevismo y el fascismo, a la ruina por las crisis acarreadas por burbujas especulativas -inmobiliarias y bursátiles- sólo vinieron a incrementar el deseo de que los políticos continuasen proveyendo de soluciones a los graves problemas de la sociedad, tan aterradores, y por tanto también, en la economía.

La Segunda Guerra Mundial aceleró aún más ese proceso, concentrando cada vez más poder en manos del Estado, es decir, de los políticos que lo dirigían. El poder incluso de destruir toda la vida del planeta mediante el armamento nuclear.

A pesar de todos estos retrocesos, generalmente trágicos, allá donde la libertad se ha podido desarrollar, al amparo de las leyes, empujada por un conocimiento exponencialmente creciente, se ha producido el mayor crecimiento económico y de bienestar humano que ha conocido la historia.

Sin embargo, la mayoría de las personas ignora los mecanismos elementales del mundo en que vive. No entienden las razones de sus años de formación, del salario que cobrarán, de por qué tendrán -o no- un determinado empleo, por qué podrán -o no- adquirir una vivienda ya las razones detrás de la pensión que aguardan tras su jubilación. 

Las corrientes de pensamiento herederas del socialismo del siglo XIX se han diversificado y difundido en todas las ramas de pensamiento, con todas sus variables, hasta convencer a la mayoría de la sociedad que egoísmo e individualismo son sinónimos, como lo serían colectivismo y altruísmo. Quien se opone a la imparable intervención de los políticos en la vida de las personas son así presentados como entes malvados y egoístas, injustos, insolidarios con los que más sufren, cuyos problemas deberían ser curados por un Estado benefactor, omnipresente y regulador de todas las conductas humanas.

Es necesario plantar cara al pensamiento único dominante, a "los socialistas de todos los partidos", como los denominó Hayek. No hay que cansarse de repetir, con hechos, con números, con razonamientos, que sólo la libertad, el respeto a la ley y la difusión del conocimiento pueden dar a la humanidad el desarrollo y la prosperidad a la que aspira, y no frenar los grandes logros de estos siglos en una espiral opuesta de empobrecimiento y opresión totalitaria por parte del Estado.

La historia no ha concluido ni puede concluir, porque Hegel también erró al anunciar el fin del desarrollo de la libertad. La libertad es un don precario que se construye con una conducta. Y está en peligro cada día.

Este foro es la respuesta ética de un grupo de ciudadanos libres al imperativo moral de nuestra libertad individual.

 

Piensa en Libertad.

Enero de 2014