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22/08/2012

NO ESTAMOS CONTRA EL ESTADO PORQUE SÍ


Una empresa privada no puede detenerte, espiarte ni encarcelarte legalmente. El Estado sí.

Una empresa privada no puede contraer deudas por ti. El Estado puede hacerlo por ti, tus hijos y tus nietos.

Una empresa privada no puede quitarte ni un euro tuyo. El Estado se apropia del 75% del fruto de tu trabajo.

La empresa privada pretende ser eficiente –producir más con menos-. El Estado pretende controlar a los ciudadanos y darle más poder a los políticos que lo dirigen.

El Estado no responde de su incompetencia, de su ineficiencia. La empresa privada sí: si no te gusta, te vas a otra.

Una empresa privada no puede obligarte a comprar sus productos. Siempre eres libre ante ella. El Estado te obliga a comprarle a él los productos que más te importan.

El Estado te engaña diciéndote que te obliga a que tengas un servicio sanitario, una escuela, un seguro de desempleo y un plan de pensiones, todo ello por tu bien. El Estado no te obliga sólo a que tengas un servicio sanitario y a que tus hijos vayan a la escuela. El Estado pretende obligarte a que vayas a su hospital y vayas a su escuela, gestionada por él, con sus criterios.

El Estado no te permite tener un seguro de desempleo pagado por ti, que te cubra en la cantidad que tú decidas y durante el plazo que tú decidas, pagando la prima correspondiente. El Estado pretende que le pagues a él un seguro que él decidirá, en cada momento, durante cuánto tiempo y por qué importe te cubre. Puede que en su mayestática benevolencia, incluso el Estado te dé una limosna a cambio de tu sumisión.

El Estado te obliga a contratar con él tu plan de pensiones. Pero es un fraude piramidal. Lo que tú pagas no se guarda para tu pensión. Se entrega a los pensionistas actuales. No hay ni habrá dinero para tu pensión futura. El Estado sabe que su fraude piramidal se ha descubierto, y lo llama, con su lenguaje mágico, “solidaridad intergeneracional”. Sabe que la mayoría no lo entiende, y está feliz mientras ese engaño no le quite votos hoy. El problema futuro será de otros.

Toda la legislación anticorrupción y controladora de las actividades económicos y colectivas está destinada a fiscalizar a las empresas y sus directivos, no a los políticos.

Cuando tus ingresos anuales superan los 100.000 euros brutos pagas la mitad a Hacienda y entras en una lista especial de ciudadanos a inspeccionar. Sin embargo, los políticos que gestionan y deciden sobre presupuestos, concursos, recalificaciones y adjudicaciones no son inspeccionados de oficio por Hacienda.

Desde Piensa en Libertad reclamamos una reforma legislativa que ponga a todos los políticos y sus familias bajo inspección permanente. Todo cargo electo o persona nombrada por él, y sus familiares hasta en cuarto grado, tendrían abiertos a inspección todos los años de su mandato. Dicho control fiscal debería extenderse a los 3 años anteriores y los 5 posteriores. Los datos deberían ser públicos. Y el Defensor del Pueblo debería supervisar toda esta estructura de control al político, como hacía el Censor en la Roma libre.

En 2004 el Estado debía 285 millardos de euros. En 2011, 850 millardos. En una empresa, los responsables de algo proporcional estarían en la cárcel.

En el caso de los políticos, cuyo poder para arruinarnos es tan increíble, ¿por qué están exentos de responsabilidad penal? Muy fácil: porque así lo han decidido ellos.

Los directivos de empresas, los empresarios, no son, por naturaleza, peores ni mejores que los políticos. Pero los unos escogen trabajar y ganar dinero generando riqueza. Los políticos ansían el poder de controlar tu vida –dicen que por tu bien-.

¿Quién es pues más digno de desconfianza? ¿Quién tiene más poder?
¿Quién nos puede hacer más daño? ¿Quién requiere de más control?

La elección democrática de una persona no le hace ni mejor ni más apto. Menos si nace de una industria electoral como son los actuales partidos. Sin embargo todos los medios de comunicación, las series, películas, periodistas, docentes, estigmatizan, descalifican y condenan al empresario y al directivo. Es un enfoque tan suicida como injusto. Pero nace del desprecio del político y sus acólitos por aquel que es libre.

El sueño del Estado protector es el moderno opio del pueblo. La realidad que nos pretenden ocultar o no queremos ver nos muestra un Estado que nos arruina robándonos cada vez más riqueza y libertad personales.

Sólo seremos una democracia madura cuando aprendamos a desconfiar de los políticos y reconozcamos que el Estado del siglo XIX ha fracasado. Esta depresión económica actual es su crisis definitiva.

No estamos contra el Estado actual porque sí, sino por una cuestión de eficiencia y libertad, que al cabo es la justicia.

No somos anarquistas. Queremos un Estado pequeño y fuerte en la defensa de unas pocas leyes claras y justas. Estamos contra el Estado cuando es un peligro para la libertad, y la peor opción para atender necesidades materiales de las personas.

Ni el Estado ni sus políticos son garantes de la justicia y la libertad. Hoy, a menudo, son su mayor amenaza. La sociedad libre y justa que deseamos sólo la construyen las personas libres a través de sus acciones libres de intercambio de valor por valor.


Piensa en Libertad.

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