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11/12/2011

TAMBIÉN CAYÓ ROMA


Cuando esta crisis concluya, dentro de cinco o diez años, sus efectos en términos de redistribución el poder político y económico en el mundo serán tan devastadores como las consecuencias de una guerra de grandes dimensiones.

Ortega y Gasset recomendaba el estudio insistente de la historia de Roma, por ser la única que cubría la evolución completa de una civilización, desde su humilde y remoto nacimiento y su posterior engrandecimiento, hasta su decadencia y fin. Así Roma nos brinda estampas melancólicas, como las velas de las naves sirias alejándose en la puesta de sol del puerto de Civitavecchia, partiendo para nunca más volver, pues ya no queda oro en Italia para pagar sus mercancías. O la extensión del rumor de que los bárbaros, después de cientos de años, han cruzado la frontera. Todos los imperios se elevan y caen.

Hace quinientos años pasó algo asombroso. En un rincón de Eurasia cinco pequeños países, España, Portugal, Inglaterra, Francia y las Provincias neerlandesas, se lanzaron sobre la faz de la tierra, tomaron conciencia de los límites y dimensión del mundo y lo conquistaron. Hicieron de todos los pueblos súbditos de sus reyes, su idioma, su religión, su cultura. Occidente se impuso sobre las milenarias India y China, sus dimensiones continentales, sus culturas antiquísimas, sus cientos de millones de habitantes.

Hace sesenta y cinco años el mundo descubrió con estupor que la hegemonía ya no estaba en Europa, aquellas humeantes ruinas que había dejado la barbarie roja y parda, sino en otro continente, otro hemisferio.

Aquello parecía revolucionario e insólito. Pero el dominio norteamericano sólo era el epílogo del imperio de Occidente.

Al término de esta crisis será patente que las aguas han vuelto a su cauce.

Que China e India, dos subcontinentes en sí mismas, con 1.300 y 1.200 millones de habitantes respectivamente, con sus civilizaciones ancestrales y sus modernos usos capitalistas, vuelven a ser, como casi siempre han sido, los países más importantes del mundo. El Islam agrupa ya, desde el Atlántico al Pacífico, a más de 1.100 millones de seres. Y todo Occidente, todo junto, desde los Urales a Alaska, desde Groenlandia a Tierra de Fuego, incluyendo a Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda, apenas reunirá otros 1.000 millones de habitantes.

Los Estados Unidos han hundido su imperio con una sociedad del bienestar financiada a crédito y un gasto militar inasumible. Por cierto, igual que hizo Roma, con el pan y el circo y las fronteras indefendibles.

Este extremo de Europa en que ahora vivimos quedará, con suerte, como parque temático para jóvenes asiáticos ávidos de conocer la cultura contemporánea –¿qué otra cosa es para ellos este breve y reciente lapso de quinientos años?-. Si los españoles somos listos, tendremos la oportunidad de elevar el número de turistas de 70 a más de 200 millones. Sí, así puede llegar a ser la cifra si aprendemos a vender lo excepcional de este trozo de tierra con forma de piel de toro.

Holanda era una potencia mundial en 1670, y hoy es un país de tercera categoría pero… ¿no se vive mal allí, verdad? No lloremos pues por veleidades imperialistas.

Si los orientales trabajan más y mejor, justo es que ellos vivan un poco mejor. Si los occidentales trabajamos menos y peor y gastamos más de lo que producimos, también es equitativo que durante algún tiempo vivamos algo peor y nos dediquemos a pagar lo que debemos. Tampoco estaremos tan mal durante ese proceso.

Mientras que esa transmisión de poder se produce en el mundo, en todo él están retrocediendo el hambre, el miedo y la guerra, mientras avanza la democracia. Nunca en la historia ha habido una guerra entre dos auténticas democracias. Es cierto que los islamistas ganan las elecciones en los países árabes recién liberados, pero se parecen más a nuestros democristianos occidentales que a los carlistas. Parece que en el futuro, se les podrá arrojar del gobierno cuando el pueblo se canse. En eso consiste la democracia.

No es ésta una mala época en que vivir. Es un tiempo de incertidumbres, pero también de oportunidades. No confundamos los temores de nuestra ignorancia con el miedo genuino al mal. En el invierno de 1940, con Europa sometida a los comunistas o a los nazis y fascistas, con Londres bombardeada cada noche e Inglaterra sola contra todos, el mundo era peor.

Y Occidente salió de aquello.

Los seres humanos continuaremos enamorándonos, trayendo hijos al mundo y deseando que vivan mejor. El ansia de perfección y mejora del hombre es inagotable y se renueva cada generación.

Según los libros, el martes 29 de Mayo de 1453 cayó Constantinopla, la última Roma. Sin duda el 30 de Mayo, el dia siguiente, volvió a salir el sol. La historia nunca se detiene. Y no podemos decir, porque nos desconcierte, que cambia a peor.


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