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21/09/2011

PROGRESISTAS


Forma parte del patrimonio liberal el contemplar con paciencia y humor las continuas incoherencias a las que el "progresismo" acostumbra.

Así, fue curiosa la agresiva oposición a la participación española en la última guerra del Golfo -bajo gobierno conservador- frente al complaciente aplauso a una intervención en idénticos términos en la anterior guerra del Golfo -gobierno socialista-.

Pero como nuestros "progresistas" no querían dejar sin sus lecciones de coherencia a la generación actual, vino la guerra de Libia.

Y así hemos podido aprender que atacar al gobierno soberano de Irak era malo, pero al gobierno de Libia, era muy bueno.

Que derribar al tirano genocida Sadam era muy malo, pero que derrocar al tirano terrorista Gadafi era -ahora- muy bueno.

Que si la aviación americana y de sus aliados yerra un disparo, es genocida. Pero si lo hace la francesa, es solo un lamentable error.

"Se invade Irak por el petróleo", nos dijeron. Y los Estados Unidos mantienen los derechos petrolíferos prebélicos.

Se bombardea Libia para ayudar a unos insurgentes (por cierto, quiénes son? Qué principio defienden?). Y jamás se vio descaro semejante en el reparto de los despojos del vencido, en este caso, derechos petroleros para empresas europeas. En fin, muy edificante todo. Todo? No.

Aún hay más. Resulta que aun tenemos que merendarnos que la culpa de la guerra es "del capitalismo neoliberal". Y ah, por esa amigos, no.

Los liberticidas se empeñan en identificar al liberalismo como una ideología que defiende a las empresas. Una gran mentira que les conviene.

Los liberales defienden la libre empresa como defienden la iniciativa individual: porque es más decente y más eficiente.

Pero ninguna empresa puede comenzar una guerra, bombardear un país, detener, condenar a nadie a la cárcel. Una empresa no puede matar.

Eso, legalmente, solo pueden hacerlo los Gobiernos, los Estados. Y cuando una empresa se ampara en el poder del Estado para lograr sus fines entonces es tan enemiga de la libertad como el Estado que usa injustamente la violencia. Y no importa si esa empresa es pública o cotiza.

Ninguna empresa es un peligro si no se protege en el Estado, amenazando la libertad, atacando los principios del capitalismo liberal.

El individualismo razonable que el liberalismo preconiza es el sistema en el que un hombre malo puede hacer menos daño.

Y sin embargo, nuestro sesudos "progresistas" denuncian las supuestas amenazas que las empresas libres representan e ignoran la única amenaza real, que es el poder omnímodo y creciente de unos Estados con el monopolio de la fuerza.

A una empresa puedo ignorarla. Un Estado puede encarcelarme, matarme "legalmente". De quien hemos de protegernos pues?


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 Progresistas.pdf


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