PROBLEMAS DE ETIQUETADO

¿Es VOX ultraderecha?  

 

Antonio Rubio Merino


Las etiquetas son necesarias. Imprescindibles para comprender la realidad, más aún en un mundo cada día más complejo y lleno de mensajes. Cuando la vida era más sencilla, ya Aristóteles mostró que la ciencia comenzaba, esencialmente, por clasificar. La correcta taxonomía clarificaba tanto nuestro entorno que nos permitía decidir y crecer en conocimiento.


Desde entonces, todas las ciencias, las sociales entre ellas, han ido adjudicando etiquetas, unas veces antes, otras después, que la propia sociedad. Herético, revolucionario, romántico, nacionalista, socialista, comunista, fascista, ecologista... Adjetivos que se han ido imbricando, entre la sociología científica y la sociedad viva.


 Fue en el Parlamento británico, cuna de la democracia, donde fueron acuñados los términos "derecha" e "izquierda", por los asientos ocupados por unos y otros grupos y su posición respecto al del Speaker, el presidente de la cámara. A la derecha de él se sentaban los Tories, los que pretendían conservar la tradición, leales a la mayoritaria Iglesia de Inglaterra y al Trono de los Estuardo. A la izquierda, los Whig, que aunque financiados por los grandes terratenientes del reino, representaban el cambio político, opciones religiosas minoritarias -los puritanos- aunque intolerantes, y propugnaban un mayor peso del Parlamento en las decisiones políticas. El actual Partido Conservador británico sigue ocupando esos mismos asientos en esa misma sala, casi cuatrocientos años después. Y sus miembros todavía se denominan "tories". A la izquierda, los liberales "whig" fueron sustituidos por los laboristas durante el siglo XX, y allí siguen. Una hermosa lección de tradición y progreso aunadas.

 

España, país modélico en tantos asuntos, es muy peculiar en algunos otros, especialmente en los relativos a su vida política, tan sacudida en su convulsa historia. Las etiquetas políticas parecen que siguen siendo su víctima. Y, como decíamos al principio, éstas son imprescindibles para entender la realidad. Incluso, para entenderla correctamente. Pero vayamos directamente al asunto más actual.

 

Por una cuestión casi de física, dos grupos políticos significativos no pueden ocupar el mismo espacio ideológico. Es decir, que si calificamos como significativo un grupo al que vote más del 5% de la población, otro partido no podría estar en el mismo "casillero". Los propios partidos no lo admiten.

 

Si uno sigue la clasificación que sistemáticamente están utilizando todos los medios de comunicación en España y la mayoría de los políticos, en España el espectro político sería éste:

 

Ultraderecha:              VOX

Derecha:                     PP

Centro Derecha:         CIUDADANOS

Centro Izquierda:        PSOE

Izquierda:                    PODEMOS

 

En centro es demasiado difuso o amplio para un solo ocupante, también muy atractivo para no tener ninguno, y esa división entre izquierda y derecha del espacio central es generalmente aceptada. Un partido socialdemócrata -como antaño se definió el PSOE- es universalmente considerado como de centro-izquierda.

 

Pero, ¿es cierta una taxonomía por el hecho de que todo el mundo la repita? ¿Es VOX ultraderecha? Porque para tal clasificación hemos de plantearnos una cuestión previa: ¿qué es ultraderecha? Más aún, ¿qué deberíamos o podríamos calificar de "ultra" en el espectro político?

 

En los últimos ochenta años la politología ha avanzado muchísimo en esas definiciones. Ha ilustrado asuntos tan interesantes como que el espectro político es circular, es decir, que hay más elementos en común entre la extrema izquierda y la extrema derecha que los que los distancian a ambos del centro liberal. También se han aportado más ejes, presentando análisis en más de una dimensión, posicionando en relación a la libertad y la individualidad, por ejemplo. Las clasificaciones se han complicado y enriquecido, como la propia sociedad y las ciencias que la estudian.

 

Aquí pretendemos un análisis más sencillo, general, entendible en el diálogo cotidiano, en el mismo campo en que ahora se califica de "ultraderecha" a VOX.

 

Para definir a una opción política como “ultra” hay tres elementos sencillos, básicos y claramente identificables en todo Occidente:

 

1. VIOLENCIA. Contra los adversarios políticos, satanizados como "enemigos".

2. INTOLERANCIA. Contra todo el que piensa diferente, buscando ilegalizarlo y incluso eliminarlo de la sociedad.

3. RESABIOS VIGESIMÓNICOS. Y esto requiere algo más de explicación. Llamamos así a aquellos gestos, en parte nostálgicos, en parte inerciales, siempre estéticos y simbólicos, propios de los grandes movimientos de masas del siglo XX, como el comunismo y el fascismo. Más adelante aportaremos algún ejemplo.

 

Es curioso que los tres elementos acostumbren a aparecer juntos. Pero bastaría uno solo para calificar a ese movimiento de ultra derecha. Es decir, que un señor que deteste la violencia, y que sea tolerante en el fondo y en la forma con el comunismo y los comunistas, si alza el brazo derecho y se pone a cantar el "Cara al Sol" sería de ultraderecha. Creo que nadie lo cuestionaría.

 

Lo que ocurre, es que en VOX nadie canta el "Cara al sol". Nadie saluda brazo en alto. No se define ni defiende ni se identifica con el fascismo, el falangismo o el franquismo. En VOX no hay "resabios vigesimónicos". Seguro que hay militantes que los tienen, y sin duda los veremos en los medios de comunicación. Pero ni el partido, ni el ideario, ni el programa ni los líderes son así.

 

En VOX nadie habla de violencia ni apela a ella. No hay grupos agresivos, ni paramilitares ni nada parecido. En España existe una ultraderecha violenta, vinculada a grupos muy marginales, esencialmente en las ciudades de Madrid y Valencia, asociada en muchas ocasiones a aficiones extremas en el futbol. Pero eso no existe en VOX.

 

Y por último, VOX no habla de intolerancia.

 

Estar en contra de la Ley de Violencia de Género implica está en contra de una medida tan anti-constitucional como que presupone la culpabilidad y la detención policial preventiva de todo varón simplemente denunciado por una mujer, sin necesidad de prueba alguna ni intervención judicial. Es algo que vulnera los Derechos Humanos. Es una medida que no ha contribuido en absoluto a disminuir el número de víctimas de la lacra de la violencia en el ámbito de las familias, pero que sí que ha creado miles de situaciones injustas de desamparo y detención ilegítima e innecesaria.

 

Detener la inmigración ilegal, ¿no implica, por definición, defender la ley? Manuel Valls, primer ministro socialista de Francia, dijo recientemente que la integración de los inmigrantes en Francia había fracasado. Lo vemos en estos días en los saqueos que ya acompañan siempre a cualquier movilización significativa en ese país vecino. ¿Acaso creemos que España puede asimilar a un número infinito de inmigrantes, más si llegan en el desorden de la ilegalidad y las mafias organizadas que trafican con personas? Sin embargo líderes políticos dicen que VOX fomenta la violencia contra las mujeres y el odio racial.

 

Marine Le Pen ha felicitado a VOX por su resultado. ¿Supone eso una identidad de ideario? ¿Apoyan a las dictaduras castrista o chavista quienes son felicitados desde Cuba o Venezuela cuando ganan elecciones?

 

Y en cuanto a la Ley de Memoria Histórica, que censura a los historiadores, que convierte en tipo penal decir que la dictadura de Franco fue mejor que la dictadura de Castro o de Maduro… eso sí que es un ejercicio flagrante de intolerancia contra libertades básicas como la de expresión o la de cátedra.

 

Así que parece que VOX no se ajusta a ninguna definición básica de ultraderecha.

 

Pero sí conocemos a quienes llaman a la lucha callejera contra un partido político. A los que hablan de "justicia proletaria" cuando defienden ataques a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado -los mismos que ahora les protegen y escoltan, como a cargos electos que son-. Los que hablan de tomar las calles. Los que pretenden censurar al que no piensa como ellos. Hay violencia e intolerancia en PODEMOS y todas sus submarcas, como la hay en la CUP catalana, como siempre la hubo en el mundo ETA-Batasuna que ahora representa Bildu y sus otras filiales. Por tanto, es ese trozo del espectro político el que se ajusta a la perfección a la definición de extrema izquierda.

 

De esta forma, ¿acaso no sería más correcta la siguiente clasificación?

 

Derecha:                     VOX

Centro derecha:          PP

Centro izquierda:        CIUDADANOS

Izquierda:                    PSOE

Extrema izquierda:      PODEMOS - BILDU - CUP

 

Porque en España no hay una extrema derecha violenta, intolerante y que alce el brazo derecho más que en actos residuales que nunca reúnen ni a un centenar de personas. Personas que pertenecen a las diversas Falanges y otras formaciones residuales. No a VOX. Son grupos tan minoritarios que demuestran que la democracia española, fruto de la Transición liderada por don Juan Carlos I, es una sociedad tan avanzada y tolerante, que no tiene público para la ultraderecha.

 

Porque VOX no defiende nada distinto de lo que defendía Alianza Popular, incluido el punto sobre las autonomías. Y Alianza Popular era la derecha. Fuerza Nueva era la extrema derecha. Y todo el mundo recuerda sus diferencias, que hoy existen igualmente.

 

Porque querer modificar la Constitución no es ser "anticonstitucionalista". La Constitución ha sido modificada muchas veces Animar a un cambio legal de las leyes ha sido siempre una definición de progresismo. Contra la Constitución están los que la violan y atacan y la desprecian, los que animan a vulnerar las leyes o directamente las quebrantan, como muchos de los socios del actual gobierno de España.

 

No es de "derecha", sin el apellido "centro" un partido, como el PP, que sube impuestos. De hecho, el PP siempre ha rechazado, en la última década, utilizar la palabra “derecha”. VOX en cambio la reivindica. Pero sin extremos. Sólo con claridad.

 

Ciudadanos se define a sí mismo, cuando lo hace, como de centro izquierda. Sólo se le define como de derecha desde la extrema izquierda, que pretende imponer su sesgada perspectiva como única verdadera.

 

El PSOE, hoy en día, en su dirección nacional, al menos en los guiños que hace hacia su extrema izquierda, no se comporta como un partido socialdemócrata. Y, en todo caso, está orgulloso de definirse en sus campañas como "Somos la izquierda".

 

Y Podemos, Bildu y CUP son partidos antisistema, que promueven la vulneración de la ley, de la propiedad privada, la lucha callejera, el odio al "rico”; en estos días, el ataque directo a sus rivales políticos y que cantan, encantados, puño en alto, himnos totalitarios, sin avergonzarse en absoluto por ello. Son los únicos que aún presumen en política de sus resabios vigesimónicos. Sus discursos parecen escritos en los años treinta del siglo pasado.

 

¿Por qué entonces empleamos una clasificación errónea, cuando el error entra de lleno ya en el campo de la mentira deliberada?

 

Los políticos pueden tener una excusa estratégica. Pero los medios de comunicación, acaso tendrían que analizar si han dejado la objetividad que les corresponde para ocupar un lugar en el espectro político y con un sesgo muy determinado.

 

La izquierda goza desde los años de 1960 de una extraordinaria hiperlegitimidad en Occidente. Sus argumentos se dan como los verdaderos. Su causa se identifica con la de la justicia. Durante la entrega del premio “Sociedad Abierta” por parte de Civismo, Mario Vargas Llosa denunciaba en el Ateneo de Madrid que la palabra “liberalismo”, en virtud de esa propaganda izquierdista y triunfante, había terminado por presentarse como identificadora de los defensores de la opresión y de la injusticia.

 

Pero el pueblo no es sus políticos. El pueblo no es sus periodistas. Y cuando se produce una distancia enorme entre el pueblo y quieres deberían representarles, ocurren estas discrepancias de percepción, este etiquetado erróneo.

 

¿Imaginamos realmente qué habría ocurrido si el domingo la izquierda hubiera ganado las elecciones en Andalucía y VOX hubiera llamado a la movilización para que esa región fuera “la tumba del comunismo” en manifestaciones con brazos derechos en alto, banderas con el águila y alguna que otra con esvástica? Eso es exactamente lo que ha hecho PODEMOS, con amenazas, puños en alto, hoces y martillos y cantos del siglo pasado, ese en el que bajo esos símbolos se asesinó a 100 millones de personas.

 

Y sin embargo, los medios sólo hablan de un enemigo ficticio para la democracia – VOX- en vez del enemigo real, del promotor de la violencia, del que anima al enfrentamiento, del que no respeta las urnas, del que pretende derrocar la Constitución al margen de la ley, y que se llama PODEMOS. La única amenaza ultra de la democracia en España.

 

Gran parte de los medios de información debería revisar sus varas de medir. Quizás entenderían mejor por qué cada día tienen menos impacto. El ascenso de VOX no avisa sólo de que los partidos tradicionales parecen no entender lo que preocupa de verdad al pueblo. Hay más instituciones básicas para una sociedad libre que tienen que revisar la calidad de sus taxonomías. 

 


Antonio Rubio Merino 

4 Diciembre 2018.