ARTICULOS DE  ANTONIO RUBIO MERINO     


PROBLEMAS DE ETIQUETADO

¿Es VOX ultraderecha?  

 

Antonio Rubio Merino

             

Las etiquetas son necesarias. Imprescindibles para comprender la realidad, más aún en un mundo cada día más complejo y lleno de mensajes. Cuando la vida era más sencilla, ya Aristóteles mostró que la ciencia comenzaba, esencialmente, por clasificar. La correcta taxonomía clarificaba tanto nuestro entorno que nos permitía decidir y crecer en conocimiento.


Desde entonces, todas las ciencias, las sociales entre ellas, han ido adjudicando etiquetas, unas veces antes, otras después, que la propia sociedad. Herético, revolucionario, romántico, nacionalista, socialista, comunista, fascista, ecologista... Adjetivos que se han ido imbricando, entre la sociología científica y la sociedad viva.


 Fue en el Parlamento británico, cuna de la democracia, donde fueron acuñados los términos "derecha" e "izquierda", por los asientos ocupados por unos y otros grupos y su posición respecto al del Speaker, el presidente de la cámara. A la derecha de él se sentaban los Tories, los que pretendían conservar la tradición, leales a la mayoritaria Iglesia de Inglaterra y al Trono de los Estuardo. A la izquierda, los Whig, que aunque financiados por los grandes terratenientes del reino, representaban el cambio político, opciones religiosas minoritarias -los puritanos- aunque intolerantes, y propugnaban un mayor peso del Parlamento en las decisiones políticas. El actual Partido Conservador británico sigue ocupando esos mismos asientos en esa misma sala, casi cuatrocientos años después. Y sus miembros todavía se denominan "tories". A la izquierda, los liberales "whig" fueron sustituidos por los laboristas durante el siglo XX, y allí siguen. Una hermosa lección de tradición y progreso aunadas.

 

España, país modélico en tantos asuntos, es muy peculiar en algunos otros, especialmente en los relativos a su vida política, tan sacudida en su convulsa historia. Las etiquetas políticas parecen que siguen siendo su víctima. Y, como decíamos al principio, éstas son imprescindibles para entender la realidad. Incluso, para entenderla correctamente. Pero vayamos directamente al asunto más actual.

 

Por una cuestión casi de física, dos grupos políticos significativos no pueden ocupar el mismo espacio ideológico. Es decir, que si calificamos como significativo un grupo al que vote más del 5% de la población, otro partido no podría estar en el mismo "casillero". Los propios partidos no lo admiten.

 

Si uno sigue la clasificación que sistemáticamente están utilizando todos los medios de comunicación en España y la mayoría de los políticos, en España el espectro político sería éste:

 

Ultraderecha:              VOX

Derecha:                     PP

Centro Derecha:         CIUDADANOS

Centro Izquierda:        PSOE

Izquierda:                    PODEMOS

 

En centro es demasiado difuso o amplio para un solo ocupante, también muy atractivo para no tener ninguno, y esa división entre izquierda y derecha del espacio central es generalmente aceptada. Un partido socialdemócrata -como antaño se definió el PSOE- es universalmente considerado como de centro-izquierda.

 

Pero, ¿es cierta una taxonomía por el hecho de que todo el mundo la repita? ¿Es VOX ultraderecha? Porque para tal clasificación hemos de plantearnos una cuestión previa: ¿qué es ultraderecha? Más aún, ¿qué deberíamos o podríamos calificar de "ultra" en el espectro político?

 

En los últimos ochenta años la politología ha avanzado muchísimo en esas definiciones. Ha ilustrado asuntos tan interesantes como que el espectro político es circular, es decir, que hay más elementos en común entre la extrema izquierda y la extrema derecha que los que los distancian a ambos del centro liberal. También se han aportado más ejes, presentando análisis en más de una dimensión, posicionando en relación a la libertad y la individualidad, por ejemplo. Las clasificaciones se han complicado y enriquecido, como la propia sociedad y las ciencias que la estudian.

 

Aquí pretendemos un análisis más sencillo, general, entendible en el diálogo cotidiano, en el mismo campo en que ahora se califica de "ultraderecha" a VOX.

 

Para definir a una opción política como “ultra” hay tres elementos sencillos, básicos y claramente identificables en todo Occidente:

 

1. VIOLENCIA. Contra los adversarios políticos, satanizados como "enemigos".

2. INTOLERANCIA. Contra todo el que piensa diferente, buscando ilegalizarlo y incluso eliminarlo de la sociedad.

3. RESABIOS VIGESIMÓNICOS. Y esto requiere algo más de explicación. Llamamos así a aquellos gestos, en parte nostálgicos, en parte inerciales, siempre estéticos y simbólicos, propios de los grandes movimientos de masas del siglo XX, como el comunismo y el fascismo. Más adelante aportaremos algún ejemplo.

 

Es curioso que los tres elementos acostumbren a aparecer juntos. Pero bastaría uno solo para calificar a ese movimiento de ultra derecha. Es decir, que un señor que deteste la violencia, y que sea tolerante en el fondo y en la forma con el comunismo y los comunistas, si alza el brazo derecho y se pone a cantar el "Cara al Sol" sería de ultraderecha. Creo que nadie lo cuestionaría.

 

Lo que ocurre, es que en VOX nadie canta el "Cara al sol". Nadie saluda brazo en alto. No se define ni defiende ni se identifica con el fascismo, el falangismo o el franquismo. En VOX no hay "resabios vigesimónicos". Seguro que hay militantes que los tienen, y sin duda los veremos en los medios de comunicación. Pero ni el partido, ni el ideario, ni el programa ni los líderes son así.

 

En VOX nadie habla de violencia ni apela a ella. No hay grupos agresivos, ni paramilitares ni nada parecido. En España existe una ultraderecha violenta, vinculada a grupos muy marginales, esencialmente en las ciudades de Madrid y Valencia, asociada en muchas ocasiones a aficiones extremas en el futbol. Pero eso no existe en VOX.

 

Y por último, VOX no habla de intolerancia.

 

Estar en contra de la Ley de Violencia de Género implica está en contra de una medida tan anti-constitucional como que presupone la culpabilidad y la detención policial preventiva de todo varón simplemente denunciado por una mujer, sin necesidad de prueba alguna ni intervención judicial. Es algo que vulnera los Derechos Humanos. Es una medida que no ha contribuido en absoluto a disminuir el número de víctimas de la lacra de la violencia en el ámbito de las familias, pero que sí que ha creado miles de situaciones injustas de desamparo y detención ilegítima e innecesaria.

 

Detener la inmigración ilegal, ¿no implica, por definición, defender la ley? Manuel Valls, primer ministro socialista de Francia, dijo recientemente que la integración de los inmigrantes en Francia había fracasado. Lo vemos en estos días en los saqueos que ya acompañan siempre a cualquier movilización significativa en ese país vecino. ¿Acaso creemos que España puede asimilar a un número infinito de inmigrantes, más si llegan en el desorden de la ilegalidad y las mafias organizadas que trafican con personas? Sin embargo líderes políticos dicen que VOX fomenta la violencia contra las mujeres y el odio racial.

 

Marine Le Pen ha felicitado a VOX por su resultado. ¿Supone eso una identidad de ideario? ¿Apoyan a las dictaduras castrista o chavista quienes son felicitados desde Cuba o Venezuela cuando ganan elecciones?

 

Y en cuanto a la Ley de Memoria Histórica, que censura a los historiadores, que convierte en tipo penal decir que la dictadura de Franco fue mejor que la dictadura de Castro o de Maduro… eso sí que es un ejercicio flagrante de intolerancia contra libertades básicas como la de expresión o la de cátedra.

 

Así que parece que VOX no se ajusta a ninguna definición básica de ultraderecha.

 

Pero sí conocemos a quienes llaman a la lucha callejera contra un partido político. A los que hablan de "justicia proletaria" cuando defienden ataques a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado -los mismos que ahora les protegen y escoltan, como a cargos electos que son-. Los que hablan de tomar las calles. Los que pretenden censurar al que no piensa como ellos. Hay violencia e intolerancia en PODEMOS y todas sus submarcas, como la hay en la CUP catalana, como siempre la hubo en el mundo ETA-Batasuna que ahora representa Bildu y sus otras filiales. Por tanto, es ese trozo del espectro político el que se ajusta a la perfección a la definición de extrema izquierda.

 

De esta forma, ¿acaso no sería más correcta la siguiente clasificación?

 

Derecha:                     VOX

Centro derecha:          PP

Centro izquierda:        CIUDADANOS

Izquierda:                    PSOE

Extrema izquierda:      PODEMOS - BILDU - CUP

 

Porque en España no hay una extrema derecha violenta, intolerante y que alce el brazo derecho más que en actos residuales que nunca reúnen ni a un centenar de personas. Personas que pertenecen a las diversas Falanges y otras formaciones residuales. No a VOX. Son grupos tan minoritarios que demuestran que la democracia española, fruto de la Transición liderada por don Juan Carlos I, es una sociedad tan avanzada y tolerante, que no tiene público para la ultraderecha.

 

Porque VOX no defiende nada distinto de lo que defendía Alianza Popular, incluido el punto sobre las autonomías. Y Alianza Popular era la derecha. Fuerza Nueva era la extrema derecha. Y todo el mundo recuerda sus diferencias, que hoy existen igualmente.

 

Porque querer modificar la Constitución no es ser "anticonstitucionalista". La Constitución ha sido modificada muchas veces Animar a un cambio legal de las leyes ha sido siempre una definición de progresismo. Contra la Constitución están los que la violan y atacan y la desprecian, los que animan a vulnerar las leyes o directamente las quebrantan, como muchos de los socios del actual gobierno de España.

 

No es de "derecha", sin el apellido "centro" un partido, como el PP, que sube impuestos. De hecho, el PP siempre ha rechazado, en la última década, utilizar la palabra “derecha”. VOX en cambio la reivindica. Pero sin extremos. Sólo con claridad.

 

Ciudadanos se define a sí mismo, cuando lo hace, como de centro izquierda. Sólo se le define como de derecha desde la extrema izquierda, que pretende imponer su sesgada perspectiva como única verdadera.

 

El PSOE, hoy en día, en su dirección nacional, al menos en los guiños que hace hacia su extrema izquierda, no se comporta como un partido socialdemócrata. Y, en todo caso, está orgulloso de definirse en sus campañas como "Somos la izquierda".

 

Y Podemos, Bildu y CUP son partidos antisistema, que promueven la vulneración de la ley, de la propiedad privada, la lucha callejera, el odio al "rico”; en estos días, el ataque directo a sus rivales políticos y que cantan, encantados, puño en alto, himnos totalitarios, sin avergonzarse en absoluto por ello. Son los únicos que aún presumen en política de sus resabios vigesimónicos. Sus discursos parecen escritos en los años treinta del siglo pasado.

 

¿Por qué entonces empleamos una clasificación errónea, cuando el error entra de lleno ya en el campo de la mentira deliberada?

 

Los políticos pueden tener una excusa estratégica. Pero los medios de comunicación, acaso tendrían que analizar si han dejado la objetividad que les corresponde para ocupar un lugar en el espectro político y con un sesgo muy determinado.

 

La izquierda goza desde los años de 1960 de una extraordinaria hiperlegitimidad en Occidente. Sus argumentos se dan como los verdaderos. Su causa se identifica con la de la justicia. Durante la entrega del premio “Sociedad Abierta” por parte de Civismo, Mario Vargas Llosa denunciaba en el Ateneo de Madrid que la palabra “liberalismo”, en virtud de esa propaganda izquierdista y triunfante, había terminado por presentarse como identificadora de los defensores de la opresión y de la injusticia.

 

Pero el pueblo no es sus políticos. El pueblo no es sus periodistas. Y cuando se produce una distancia enorme entre el pueblo y quieres deberían representarles, ocurren estas discrepancias de percepción, este etiquetado erróneo.

 

¿Imaginamos realmente qué habría ocurrido si el domingo la izquierda hubiera ganado las elecciones en Andalucía y VOX hubiera llamado a la movilización para que esa región fuera “la tumba del comunismo” en manifestaciones con brazos derechos en alto, banderas con el águila y alguna que otra con esvástica? Eso es exactamente lo que ha hecho PODEMOS, con amenazas, puños en alto, hoces y martillos y cantos del siglo pasado, ese en el que bajo esos símbolos se asesinó a 100 millones de personas.

 

Y sin embargo, los medios sólo hablan de un enemigo ficticio para la democracia – VOX- en vez del enemigo real, del promotor de la violencia, del que anima al enfrentamiento, del que no respeta las urnas, del que pretende derrocar la Constitución al margen de la ley, y que se llama PODEMOS. La única amenaza ultra de la democracia en España.

 

Gran parte de los medios de información debería revisar sus varas de medir. Quizás entenderían mejor por qué cada día tienen menos impacto. El ascenso de VOX no avisa sólo de que los partidos tradicionales parecen no entender lo que preocupa de verdad al pueblo. Hay más instituciones básicas para una sociedad libre que tienen que revisar la calidad de sus taxonomías. 


Antonio Rubio Merino 

4 Diciembre 2018.


Septiembre 2017

30/09/2017

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Agosto de 2017

23/08/2017

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Junio de 2012

PLEONASMOS

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Publicado en El Confidencial


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17/12/2011

EL SÍNDROME DEL TÍO GILITO


Para aquellos que en su infancia no frecuentasen los cómics de Disney, aclararemos que el tío Gilito es un personaje no muy simpático, que desprecia a su sobrino -el pato Donald- y que posee una enorme fortuna. La almacena en grandes silos con forma de caja de caudales y con un inmenso signo del dólar cubriendo la fachada. Dentro, montañas de dinero en efectivo –billetes y monedas- sobre las que el Tío Gilito se arroja, desde un trampolín, nadando literalmente en su riqueza, pasatiempo en que encuentra su máximo placer.

Lamentablemente, la idea de la riqueza que tienen la mayor parte de los miembros de nuestra sociedad, incluidos los políticos y los creadores de opinión, se corresponde con esta imagen, tan infantil como falsa. El grave equívoco de no entender que la riqueza es el producto final del trabajo conduce a decisiones y opiniones erróneas sobre la vida propia y la ajena. Y este síndrome de la percepción y el conocimiento, no menos grave que el de Estocolmo o el de Peter Pan, el de Cenicienta o el de Robin Hood, merece el nombre del Tío Gilito, porque defender tales planteamientos, si no fuera tan grave, entraría simplemente dentro del terreno de lo infantil y ridículo.

Estos síndromes psicológicos no son necesariamente incurables, pero su tratamiento requiere de grandes dosis de pedagogía y coherencia. Combatir la fantasía malsana con la realidad empírica.


Primer error: qué significa ‘ser rico’

Para las víctimas del síndrome del Tío Gilito, ser rico significa acumular una enorme cantidad de dinero. Y como, lamentablemente, las grandes doctrinas morales no han evolucionado desde antes de la Revolución Industrial, la triste opinión de San Juan Crisóstomo (347-407 d.C.) de que "todo rico es un ladrón o el heredero de un ladrón" tiene infinidad de adeptos.

Pero se trata de una afirmación tan rotunda como falsa. En una economía de subsistencia, en una sociedad cuyos limitadísimos recursos están restringidos a los frutos de la tierra, podría ser cierto que lo que uno tiene de más, otro lo tiene de menos. Pero por eso la Industrial ha sido la gran Revolución humana, porque desde ella, nuestra especie ha multiplicado exponencialmente las riquezas de la tierra, a través de la división del trabajo, el desarrollo tecnológico, el uso eficiente de los recursos energéticos y la acumulación sistemática de conocimiento, masivamente distribuido. Es decir, se puede crear riqueza nueva. Y eso no sólo no es un defecto, un pecado o un vicio: puede que sea una de las mayores virtudes morales.

Ser rico consiste en decidir sobre una cantidad mayor de riqueza
El siguiente error es olvidar que no se puede repartir lo que no existe. Si la mayor virtud es la caridad, como no se puede dar a alguien algo que no ha sido producido, la creación es anterior a la generosidad: la creación de riqueza es prerrequisito de su reparto. Y considerando que no todos están cualificados para producir nueva riqueza, o para subsistir, el que produce más y mejor es el mayor benefactor de una comunidad.

Pero es que la riqueza producida no está almacenada en ningún sitio físico, nunca, en ningún momento. Un ‘rico’ lo que tiene es la capacidad de decisión sobre esa riqueza, de determinar a qué uso estará destinada. En eso consiste ser rico: en decidir -no esconder- sobre una mayor cantidad de riqueza.

Imaginemos al hombre más rico de España. Un hombre, por ejemplo, con un patrimonio de 24.000 millones de euros. Un hombre cuyas acciones le produzcan un dividendo anual de 600 millones de euros. Creo que unánimemente consideraríamos que este señor es rico.

Al cobrar ese dividendo, esa persona decidirá en qué banco lo deposita -y el banco lo prestará al instante a alguien que quierA comprar un coche o una casa o construir un puente o una central eléctrica-. O decidirá comprar más acciones, por lo que ese dinero irá a parar a empresas que generen riqueza.

O decidirá comprarse un avión, con lo que desarrollará la industria aeronáutica. Los ricos -y, ay, qué poco pensamos en esto- son la más sana fuente de innovación que existe en el mundo. Todos los adelantos tecnológicos proceden del desarrollo de la industria de armamentos, de la carrera espacial... o de la decisión de un rico. Porque un rico quiso volar más rápido que el sonido hoy cuesta 30 euros un billete de avión de Madrid a Roma. Porque un rico quiso llevar siempre consigo un teléfono, hoy existe telefonía móvil hasta en el último rincón de la tierra. Porque un rico ha decidido dedicar su fortuna a erradicar la malaria, esa gran plaga desaparecerá en un par de décadas.


La diferencia la marca la decisión

Todos disponemos de sólo 24 horas al día. Podemos disfrutar de una cantidad limitada de bienes en cada momento. Y todos precisamos de los mismos básicos. La gran diferencia entre el que gana 600 millones de euros y el que sólo gana mil euros es que el primero decide sobre una cantidad de dinero mayor. Parece una obviedad, pero no lo es. Como tampoco es obvio quién tomará las mejores decisiones. Quizás hemos de pensar que quien ha sido lo suficientemente hábil como para crear tanta riqueza lo siga siendo en los usos que dé a su dinero. En cualquier caso, seguirá en circulación en la sociedad y sin duda serán decisiones –las del rico y las del pobre- más eficientes y menos despilfarradoras que las que pueda tomar un político con un dinero que no es suyo.

El político difícilmente puede valorar un dinero que no ha producido, que ni siquiera le ha requerido el esfuerzo de la recaudación, tan penosa y hostil en la época de la economía de subsistencia, y ahora tan cómoda, invisible, a través de las transferencias electrónicas que llevan el 70% del producto del trabajo desde los bolsillos de los que se esfuerzan a los de los políticos. Así se entiende que una ministra llegase, en su ceguera, a afirmar recientemente, que "el dinero público no es de nadie". Como consecuencia de nuestros sistemas electivos y de organización de los cargos políticos, éstos no tienen que buscar el empleo de ese dinero de la forma más útil para la sociedad, sino en la más eficaz para su siguiente victoria electoral. Y como las consecuencias de los errores económicos no son inmediatas, y a veces toman bastante tiempo, los electores pueden ignorar la correlación entre las consecuencias nefastas de decisiones dañinas, y aquellos políticos que tomaron esas decisiones –con el dinero de otros-.

Pero nos hemos colado en la explicación del tercer error. Éste que acabamos de describir bien podría ser conocido como el Mal de Keynes: pensar que la mera circulación del dinero es riqueza. En absoluto. Un ascensor en un edificio de oficinas ocupado al máximo de su capacidad de arrendamiento, es un valor, una riqueza. Ese mismo ascensor en un aeropuerto que no se usará jamás, es un derroche. Y en ambos casos se dio trabajo a unos técnicos y a una industria, durante unas horas. Pero uno es un valor, por su uso, el otro un derroche, por su inutilidad. Por uno se paga dinero -el de los inquilinos del edificio de oficinas-, el otro no vale absolutamente nada, nadie pagará por él, y por tanto, esa riqueza se ha destruido.

Pero sigamos con el síndrome del Tío Gilito. Un norteamericano como Disney, defensor de la propiedad privada, sólo podría describir a los que pretenden robar al tío de Donald -los Golfos Apandadores, en la traducción más frecuente- como malos, aparte de estúpidos. Pero no es esa tampoco la opinión frecuente. De hecho, en las sociedades occidentales la expresión ‘propiedad privada’ es peyorativa. Ahí reside otro importante síntoma de su enfermedad, la manifestación de su cuarto error.


El malvado Robin Hood

El mito de Robin Hood, ya lo descubrió Ayn Rand, ha sido uno de los más dañinos de nuestra civilización: robar a los ricos para dárselo a los pobres. Una propuesta moral, desapercibida habitualmente en su perversión. Porque, en una sociedad que crea riqueza con el talento, robar a los ricos para darlo a los pobres, ¿no puede ser traducido como quitar a los que tienen más talento para dárselo a los que menos? ¿O quitar a los que más trabajan para darlo a los que menos se esfuerzan?

Cuanto más se respeta la propiedad privada, más civilizada es la sociedad
Aquellos que sufren el síndrome, pero que creen que no, suelen decir: "Su argumento está muy bien para la riqueza creada. Pero, ¿qué pasa con la heredada? ¿Por qué va a ser alguien rico por el mero hecho de que lo fuera su padre?". Pues bien: ¿por qué no? El dinero tiene una moral muy estricta.

Y una de sus reglas más básicas es que nadie puede valer menos que su dinero. La historia está llena de tristes relatos de ricos herederos destruidos por una fortuna que les excedía. Se dirá que es un parásito el que vive así, opíparamente, disfrutando una riqueza que no merece. Pero ¿quién va a decidir si lo merece o no? ¿Un político? ¿Y por qué? ¿Por qué habrían de ser más dignos mil parásitos que uno sólo? La herencia y la propiedad residen en el mismo principio: en el derecho a disponer de los frutos de nuestro trabajo. Trabajar involuntariamente para otros se llama esclavitud. Ser privados por la fuerza de nuestros bienes, se llama robo.

Miremos el panorama del mundo y su historia: cuanto más se respeta la propiedad privada más civilizado es ese lugar de la tierra.
Es cierto que la extensión de la riqueza, la existencia de una amplia clase media, es señal y requisito de una sociedad sana y garantía de su desarrollo. Pero eso no se consigue robando a los ricos, sino ofreciendo libertad para que los pobres puedan desarrollarse, formación para que puedan aprovechar sus oportunidades y leyes justas que les garanticen los frutos de su trabajo, sin que su propiedad esté sometida al capricho de políticos irresponsables y demagogos.


Una sociedad enferma

Un mundo sin diferencias, en el que sólo tengan un poco más de poder adquisitivo aquellos que el partido designe, ya ha existido: es la pesadilla totalitaria soviética, la miseria igual para todos que el comunismo ha implantado en todas sus dictaduras.

La caza al "rico" que estamos viviendo en estos días; la aceptación de que se puede seguir exigiendo impuestos sobre cantidades que ya son el mínimo resto de unos impuestos abusivos y triplicados; el mentir como se hace, con descaro e ignorancia, acerca de la tributación de las SICAV -que actualmente es idéntica a la de cualquier otra inversión en fondos, sólo que está más regulada y restringida- son señales de una sociedad enferma.

Que la creación de riqueza debería ser promovida como bien moral está claro. Que su acumulación no es un mal, sino el fundamento del espectacular desarrollo de los últimos tres siglos, también. De la calidad de los políticos como administradores, esta crisis nos proporciona a diario pruebas suficientes. El síndrome del Tío Gilito no es incurable. Pero en la búsqueda de la verdad deberíamos tener la valentía de dar un paso más: analizar con sinceridad en el tribunal de nuestra conciencia si, a veces, sólo a veces, cuando decimos que nos mueve la justicia social, no estará agazapada, en el fondo de nuestro corazón, la más vulgar envidia.


Antonio Rubio Merino.

 El sindrome del Tio Gilito.pdf


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Diciembre de 2011

LA SENSATEZ ALEMANA

¿Acaso no se dan cuenta, Merkel y los alemanes, de que con su actitud están llevando Europa al desastre? Mi amigo el profesor Mariano Iñigo llamaba principio de alteridad negativa al creer que el otro siempre...   más


Agosto de 2011

OCCIDENTE EN SU DILEMA

Como todo el mundo sensato sabe, la naturaleza se rige por ciertas pautas, que la experiencia, organizada a través de las ciencias empíricas, ha ido estructurando en torno a las leyes definidas de la física y...   más


Junio de 2011

EMPIRISMO Y RACIONALISMO

La mayoría de los manuales de filosofía españoles, cuando ilustran el progresivo avance de la razón a partir del siglo XVI, comienzan por Descartes, su “Discurso del método”, su escepticismo –acaso un poco...   más




 

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Publicado en El Confidencial

Mayo de 2011

¡NO ES LA ECONOMÍA, AMIGOS!

Atribuyen a un asesor demócrata la frase “es la economía, estúpidos”, con la que trataba de explicar a sus colegas el imparable ascenso de sus rivales republicanos. No me apetece calificar de la misma forma a...   más




22/03/2011

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Acabo de visitar la puerta del Sol de Madrid. No creo que sus ocupantes teman tanto la llegada de tanques como la de los camiones de basura. Me debato en la duda acerca de que huele peor aquí: los porros,...   más


11/03/2011

VIERNES DE CENIZA

El cielo ha amanecido gris, cubierto de tristeza. A veces, la naturaleza se compadece de los sentimientos de los hombres. Es Once de Marzo en Madrid. Los políticos desfilan ante los periodistas en la Puerta...   más


02/03/2011

TIEMPO DE VALIENTES

“La adversidad produce hombres; la prosperidad, monstruos”. Victor Hugo En la Estación de Ferrocarriles de Córdoba hay en estos días una pintada que reza: “Espabila: no hay futuro”. Está firmada por los...   más




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Publicado en El Confidencial

Mayo de 2010

LO DECENTE: QUE GRECIA QUIEBRE

Algo huele a podrido en Europa. Su hedor se extiende por Occidente. Los grandes problemas se debaten a la corrompida luz de lo inmediato, el prejuicio, el cortoplacismo, la ideología y otras formas de...   más




Mayo de 2010

DE IDIOTAS, PÁNFILOS Y PRUDENTES

Debemos mucho a los griegos. Los amantes de la libertad, en su origen, prácticamente todo. Isonomía –igualdad ante la ley- y democracia –gobierno del pueblo- como resumen último de las creencias políticas de...   más